San Cipriano: 40 años de fe y tradición que la familia Reyes Dolores mantiene viva en Toluca
Por: Carlos Sánchez Fernández y Luis González
La devoción a San Cipriano de Antioquía forma parte de una tradición religiosa que, con el paso de los años, ha encontrado un espacio especial entre familias que mantienen viva su fe y sus costumbres.
En Toluca, esta tradición tiene un vínculo particular con la familia Reyes Dolores, que desde 1986 ha conmemorado cada año, el 26 de septiembre, el aniversario dedicado a San Cipriano, una celebración que se ha mantenido durante cuatro décadas.
El encuentro religioso tiene como principal encargado a Enrique Reyes Arellano, quien, acompañado por su esposa Yanet y sus hijas Selene y Chelito, ha mantenido esta tradición familiar a lo largo de los años.
A esta celebración también se suman los compadres y personas cercanas a la familia, quienes participan y permanecen al pendiente del llamado Santito, como cariñosamente se refieren a San Ciprianito, a quien atribuyen diversos favores y milagros.
La Historia de San Cipriano de Antioquía
Vida, Conversión, Episodio Episcopal y los Pasajes Finales del Martirio
- Juventud y las Artes Oscuras
En la insigne ciudad de Antioquía, durante el siglo III, nació Cipriano. Desde muy temprana edad fue consagrado por sus padres al culto de las deidades paganas y educado en las más elevadas disciplinas del saber antiguo. Ansioso de conocimientos trascendentes, viajó por los grandes centros del misticismo del mundo clasico: desde las escuelas filosóficas de Grecia hasta los templos sagrados de Egipto y Babilonia.
A través de estos viajes e intensos estudios, Cipriano se instruyó profundamente en las ciencias ocultas, la astrología, la nigromancia y la invocación de espíritus infernales, convirtiéndose con el tiempo en el hechicero y nigromante más respetado e influyente de su época.
En esa misma ciudad habitaba Justina, una joven virtuosa y de noble cuna. Tras escuchar la predicación del evangelio a través de un diácono, Justina experimentó una profunda conversión al cristianismo. Decidió consagrar su pureza y su vida entera a Dios, logrando además la conversión de sus propios padres al camino de la fe.
- El Asedio Mágico y la Conversión
Un rico e influyente joven pagano llamado Agladio se prendó perdidamente de Justina. Ante los reiterados rechazos de la joven, quien mantenía firme su voto de castidad y devoción cristiana, Agladio acudió ante Cipriano ofreciéndole una gran suma de dinero para que empleara sus artes oscuras y doblegara la voluntad de la doncella.
Cipriano aceptó el encargo y desplegó todo su poder mágico:
- Enviá un espíritu infernal para sembrar pensamientos de lujuria en el corazón de Justina. Sin embargo, al percibir la tentación, la joven recurrió al ayuno, la intensa oración y trazó sobre sí la Señal de la Cruz, haciendo huir aterrorizado al demonio.
- Invocó a un demonio de mayor jerarquía, quien tomó la apariencia de una virtuosa mujer para convencer a Justina mediante sutiles argumentos. La joven discernió el engaño y disolvió la presencia del espíritu maligno al hacer nuevamente el signo cruceño.

- Recurrió al mismísimo príncipe de las tinieblas, el cual desató pestes y plagas sobre Antioquía, amenazando al pueblo para que forzaran a Justina a ceder. La doncella oró con fervor por los habitantes y las plagas cesaron, dejando al descubierto la impotencia de la magia negra.
Frustrado y humillado, Cipriano confrontó al demonio exigiéndole saber por qué no podía vencer a una frágil doncella. El espíritu maligno confesó que ante la cruz de Cristo y la fe verdadera, todo el poder del infierno quedaba completamente anulado.
Comprendiendo la verdad suprema del Dios cristiano, Cipriano rompió de inmediato su pacto diabólico, reunió sus célebres libros de magia e invocaciones y los quemó públicamente en la plaza. Pidió el santo bautismo e ingresó a la Iglesia dedicado a una severa penitencia.
- San Cipriano como Obispo de la Iglesia
Tras su bautismo y renuncia absoluta al pasado pagano, Cipriano repartió todas sus riquezas entre los desposeídos y enfermos. Su notable inteligencia, unida a una sincera humildad y celo apostólico, hicieron que la comunidad cristiana lo acogiera con veneración. Con el paso del tiempo fue ordenado sacerdote y posteriormente consagrado Obispo de Antioquía.
Labor Pastoral y Liderazgo Episcopal
Como obispo, San Cipriano guio con sabiduría y firmeza a la grey cristiana en momentos de gran zozobra:
- Ordenación de Justina: Nombró a Justina como diaconisa y superiora de las vírgenes consagradas, confiándole la formación espiritual de las mujeres de la comunidad.
- Desmantelamiento del Ocultismo: Aprovechó su profundo conocimiento de los misterios paganos y las artes oscuras para desenmascarar los engaños de la idolatría, convirtiendo a numerosos filósofos y magos al cristianismo.
- Caridad y Servicio Social: Organizó redes de asistencia para los necesitados, huérfanos y enfermos, transformando la diócesis en un refugio de caridad cristiana.
- El Martirio y los Pasajes Finales de la Novena
Al desatarse las encarnizadas persecuciones contra los cristianos decretadas por el Imperio Romano, Cipriano y Justina fueron aprehendidos por las autoridades imperiales y conducidos ante los tribunales para ser sometidos a juicio.
Los Tormentos Iniciales (Sexto Día)
El tirano llamó al santo y le interrogó con soberbia:
| «¿Dónde está tu Cristo que llamas Dios? ¿Cómo no ha librado a tus hermanos de mis manos?»
— El Tirano |
Inmediatamente mandó colgar de un palo al fortísimo adalid, atormentándolo con crueles azotes y profundas heridas. Viendo que el Santo se gloriaba en padecer cantando alabanzas a Dios, ordenó que le bajasen y le azotasen los huesos de los costados y brazos.
En medio de tan atroces torturas, el abnegado obispo levantó su corazón a Dios orando:
| «En Ti, Señor, he esperado, sálvame por tu misericordia.»
— San Cipriano |
Al punto se escuchó una divina voz del cielo que reconfortó al mártir:
| «Confía, electo mío, no temas, que Yo soy tu Dios y tu Señor que te defiende.»
— Voz Celestial |
Al oír la celestial resonancia, los verdugos y guardias temblaron llenos de pavor, quedando completamente inmóviles y embargados de espanto.
La Sentencia de Muerte (Séptimo Día)
Viendo Filipo, asesor del príncipe, que los sayones y verdugos no podían mover sus miembros, dijo al presidente del tribunal:
| «¿No te he dicho que estos cristianos son encantadores y mágicos? Acaba con toda presteza de quitarle a éste la vida.»
— Filipo |
El presidente mandó entonces que le quitasen la vida con los rigurosos filos de una espada. Pidióle el Santo con humilde modestia que le llevasen a su monasterio de Pedactone y allí le diesen la muerte, porque el amor que le tenía a aquel ‘nido’ le llamaba a honrar con su sangre sus umbrales. Otórgale la petición, y lo llevaron al monasterio entre atropellos y tiranía.
Camino a Pedactone y la Gran Promesa (Octavo Día)
Fatigado, enflaquecido, desangrado y sin fuerzas físicas, llegó el Santo mártir a su monasterio de Pedactone. Venía rodeado de sayones que como fieras rabiosas le acechaban para despedazarle; mas él caminaba con constante fortaleza y el corazón inflamado en el amor del sumo bien.
Ardiendo entre tantas espinas, venía cantando el salmo noventa y tres: «El Dios de las venganzas obró liberalmente», mostrando la grandeza de un corazón vivificado por la gracia. Al llegar al patíbulo, levantó los ojos al cielo y haciendo oración dijo:
| «Señor Dios mío, recibe en paz mi alma, y dígnate de que yo me halle en compañía de mis hermanos por todos los siglos, para que glorifique tu santísimo nombre. Sírvete; Señor Dios mío, de conceder a los que devotos hicieren conmemoración de mi perpetua bendición y si se hallaren en algún casual peligro, en alguna grande necesidad en el terrible juicio, en malos sueños, e invocaren tu Santísimo nombre; concédeles en nombre de éste tu siervo tu misericordia y dales cumplimiento a sus peticiones.»
— Oración Final de San Cipriano |
Hecha esta devota petición, se oyó en el recinto una dulce voz celestial:
| «Alégrate, valeroso luchador Cipriano electo mío, hoy te verás conmigo en el paraíso, y te otorgo todas tus súplicas, y en cualquiera casa donde hicieren conmemoración de tí, sean libres de toda aflicción y necesidad y pondré en olvido todos sus pecados.»
— Promesa Divina |
El martirio de San Cipriano
La tradición religiosa ubica los últimos momentos de Cipriano durante las persecuciones contra los cristianos en el Imperio Romano.
Junto con Justina, habría sido detenido y llevado ante las autoridades para ser juzgado por profesar la fe cristiana.
Los relatos sobre su martirio describen tormentos, interrogatorios y finalmente una sentencia de muerte, mientras Cipriano permanecía firme en sus creencias.
Uno de los momentos centrales de la narración corresponde a los últimos días de su vida, cuando, pese a las torturas, mantuvo sus oraciones y expresó su confianza en Dios.
La tradición cuenta que finalmente fue llevado al lugar donde sería ejecutado y que, antes de morir, realizó una última oración en la que pidió misericordia y protección para quienes recordaran su nombre y recurrieran a Dios en momentos de necesidad.
Posteriormente, según este relato religioso, San Cipriano fue ejecutado con una espada, convirtiéndose en mártir de la fe cristiana.






