lunes, agosto 24, 2026
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El internet de las cosas, la nueva forma de acompañar a quienes envejecen solos

Por: Orlando Linares López

En México, cada vez más personas adultas mayores viven solas o pasan gran parte del día sin compañía, ya que sus hijos y familiares -entre otras cosas- deben cumplir con jornadas laborales y/o construyen sus propias familias, situaciones que complican el acompañamiento permanente.

Un hijo o hija, cuyo lugar de trabajo está a kilómetros de distancia, tiene que sobrellevar la angustia que genera saber que su padre o madre se queda sin compañía ni quién los ayude con su alimentación, la toma de medicamentos o esté pendiente de su condición de salud.

En medio de esa carga emotiva, las nuevas tecnologías pueden convertirse en aliadas silenciosas que devuelven tranquilidad dentro y fuera del hogar.

Gracias al internet de las cosas (tecnología que conecta objetos físicos cotidianos a internet mediante sensores y software) y la domótica (término que empezó a utilizarse desde la segunda mitad del siglo pasado y que hoy se entiende como la automatización y control inteligente de una vivienda), las innovaciones tecnológicas son una aliada importante.

A través de sensores, dispositivos conectados y sistemas automatizados es posible controlar iluminación, accesos, temperatura o diversos aparatos desde un celular, además de lograr comodidad, ahorro de energía y, sobre todo, ayudar a la seguridad al detectar y alertar sobre situaciones peligrosas.

La implementación de este tipo de sensores en una casa permite detectar movimiento y activar una luz durante la noche para disminuir el riesgo de tropiezos de una persona adulta mayor. Un detector puede advertir sobre humo, gas o una fuga de agua. Los sensores de una puerta pueden alertar cuando permanece abierta durante un periodo inusual. Incluso algunos sistemas pueden identificar determinados cambios en las rutinas y enviar una notificación a un familiar y facilitar la supervisión a distancia.

Así, la tecnología puede construir un puente entre quienes viven separados durante el día; con ello, los hijos o toda la familia, puede recibir alertas en su teléfono cuando ocurre algo fuera de lo habitual, sin necesidad de invadir la privacidad de la persona mayor.

De esta manera, la tecnología permite crear una presencia invisible que acompaña y protege, especialmente cuando las distancias y las obligaciones laborales hacen imposible estar cerca.

En nuestro país, donde empezamos a vivir el crecimiento de la población adulta mayor dentro de un núcleo familiar con menos hijos, incluso sin ellos; esto abre una oportunidad para desarrollar viviendas y servicios pensados no solamente para disfrutar más años, sino para vivirlos con autonomía y dignidad.

Desde esta perspectiva, el internet de las cosas y la domótica ayudarán conformar hogares inteligentes, sistemas de monitoreo remoto, dispositivos de asistencia, servicios especializados para personas mayores y soluciones que permitan a familiares y cuidadores, responder con mayor rapidez ante determinadas situaciones. También abre nuevas oportunidades para empresas dedicadas al diseño, instalación, mantenimiento y personalización de estas tecnologías.

No se trata de llenar una casa de dispositivos sofisticados, sino de identificar y adoptar los que aporten seguridad y bienestar, considerando además nuevos aprendizajes de los usuarios.

El desafío será lograr que esta innovación sea accesible y que una casa inteligente no sea un privilegio reservado para quienes tienen mayores ingresos.

Asimismo, acompañar mediante tecnología no significa vigilar ni abrumar a las personas mayores en sus espacios y sus decisiones. La domótica y el internet de las cosas no deben reemplazar a la familia, sino ayudarla a estar presente cuando físicamente no pueda hacerlo.

En el México que está envejeciendo, la tecnología tiene la oportunidad de convertirse no solamente en una herramienta de innovación, sino en una nueva forma de acompañar, cuidar y encontrar maneras de estar cerca de nuestros adultos mayores, incluso cuando la vida nos obliga a permanecer lejos.