Sumisión química, violencia que arrebata voluntad y memoria
Por: Orlando Linares López
En nuestro país muchas personas –mujeres, principalmente- viven con el miedo de que, tras tomar una bebida, viajar en el transporte público, saludar o recibir en propia mano algún objeto, horas después despierten sin recordar nada.
Para quienes han vivido o tienen temor de ser víctimas, ese vacío que roba el control sobre su propio cuerpo, tiene nombre: sumisión química.
Dicho término, de acuerdo a especialistas en medicina forense, se utiliza desde 1982 para nombrar al proceso donde una persona es sometida, sin conocimiento ni consentimiento, a los efectos de sustancias psicoactivas (fármacos o drogas) con el fin de anular su consciencia y voluntad y ser víctima de violencia sexual robo, extorciones, privación de su libertad u otros.
En tal situación, se consuma una forma de violencia que, la mayoría de las veces, deja secuelas físicas, silencio, miedo, culpa y afectaciones emocionales. Especialistas de la salud refieren que las víctimas pueden sufrir: intoxicaciones severas, pérdida parcial o total de la memoria, lesiones físicas sin explicación aparente, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y, en los casos más trágicos, la muerte por sobredosis.
Por tanto, recomiendan atender los síntomas de una posible sumisión química, entre ellos: confusión repentina o desorientación, mareo, somnolencia o pérdida del equilibrio, dificultad para hablar o moverse, pérdida parcial o total de la memoria, náuseas o vómito sin causa aparente, sensación de haber perdido el control sin haber consumido sustancias voluntariamente y/o despertar sin recordar lo ocurrido.
Quien hayan sido víctimas o enfrenta una situación de este tipo, puede acudir un centro de salud para una valoración toxicológica, asimismo, buscar apoyo en la Línea de la Vida (800 911 2000) o al 911. También puede encontrar orientación en sitios como el de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM), acudir a las fiscalías estatales, Centros de Justicia para las Mujeres y organizaciones de la sociedad civil.
Aunque no existe una estadística nacional que permita conocer la magnitud exacta de esta práctica, gracias al valor de quienes se atreven a denunciar, se sabe que las principales afectadas son mujeres y, de manera preocupante, mujeres jóvenes y niñas; sin embargo, ninguna persona está exenta.
A pesar de varios casos dados a conocer en medios de comunicación y viralizados en redes sociales, en México la sumisión química no está -a nivel federal- tipificada como delito.
Actualmente, solo tres estados han avanzado en legislar al respecto: Colima (que la tipificó como delito autónomo y agravante), San Luis Potosí (como medio comisivo y agravante en delitos sexuales y robo) y Michoacán (como figura autónoma en su Código Penal). Los congresos locales de la Ciudad de México, Veracruz, Guanajuato, Estado de México, Tamaulipas y Puebla, mantienen iniciativas pendientes o que se analizan en comisiones.
Falta consolidar un marco legal que fortalezca acciones institucionales para la identificación, atención y derivación de las víctimas y, sobre todo, que facilite la capacitación de policías, fiscalías, médicos, personal de urgencias y profesionales de la salud mental para reconozcan estos casos y actúen oportunamente.
Hoy, mucha de la visualización y sensibilización a cerca de esta problemática, es resultado del trabajo de organizaciones feministas, colectivos de víctimas, especialistas en salud, periodistas, algunas legisladoras y legisladores; sus esfuerzos hacen que la sumisión química deje el plano anecdótico y se atienda como una expresión de violencia que requiere prevención, investigación y atención especializada.
Ejemplo de ello, en el Estado de México, la Asociación Civil ALAS Violetas promueve que la población conozca los riesgos, identifique tipos de la sumisión química, así como las sustancias más comunes que utilizan los agresores. Además, ha generado el “Observatorio de ALAS Violeta” que permite recopilar reportes ciudadanos, documentar casos y generar análisis para contribuir a la comprensión del fenómeno. (https://alasvioletamx.org/observatorio-ciudadano-de-sumision-quimica-alas-violeta-a-c/)
Si bien se ha avanzado al ponerle nombre a esta modalidad de violencia, lo siguiente debe permitir que ninguna denuncia sea ignorada, que las víctimas no queden a la deriva y que no sean cuestionadas por una agresión que nunca provocó ni autorizó.
En lo individual debemos ser más conscientes que ante la sumisión química podemos prevenir para fortalecer entornos seguros comenzado con pequeños actos de cuidado.
Combatir la sumisión química, además de aplicar las leyes a quienes utilizan la violencia, también implica garantizar que la voluntad, la dignidad y la libertad de cada persona, sean derechos que nadie pueda arrebatarle.
