lunes, junio 1, 2026
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Obsesión por el tiempo y sacarle el máximo provecho

Obsesión por el

tiempo y sacarle

el máximo provecho

Por: Orlando Linares López

¿Cuántas veces hemos escuchado o hemos dicho “no me alcanza el tiempo”? El hecho de pensar en ello y pretender aprovechar al máximo cada minuto, puede generar angustia, ansiedad y preocupación constante que afecta la salud física y emocional.

Hoy, el tiempo parece ser uno de los bienes más valiosos. Desde el inicio del día hasta el anochecer, la mayoría de las personas viven presionas por ser productivas, cumplir objetivos, atender mensajes, aprender algo nuevo, hacer ejercicio y mantener una vida social activa. En lo que parece una carrera interminable, cada minuto cuenta y cualquier momento de descanso puede llegar a sentirse como una pérdida de tiempo.

A esta necesidad de aprovechar al máximo cada instante, de acuerdo a los expertos, se le conoce como cronopatía y puede convertirse en un trastorno derivado de la preocupación excesiva por el tiempo y organizarse, de manera obsesiva, para lograr el mayor rendimiento posible de cada actividad.

Por una parte, dicen los especialistas, aprovechar adecuadamente las horas del día es positivo y genera beneficios a las personas que desarrollan una buena gestión del tiempo, les permite alcanzar metas con mayor facilidad, reducir retrasos, mejorar su desempeño académico o laboral y mantener una sensación de control sobre sus responsabilidades. En un entorno tan competitivo como el actual, estas habilidades implican una ventaja importante.

En otro extremo, cuando esta conducta se vuelve obsesiva puede generar afectaciones físicas y emocionales ocasionadas por la angustia constante al sentir que el tiempo se escapa, que no se aprovecha lo suficiente y que cada momento de descanso es una pérdida imperdonable.

En estas condiciones, las personas miden su valor personal en función de lo que producen, hacen a un lado el descanso, la convivencia familiar o el disfrute de la vida cotidiana. El tiempo libre deja de verse como una necesidad humana y pasa a considerarse un lujo o incluso una muestra de irresponsabilidad.

En México, la sabiduría popular indica que “al que madruga Dios le ayuda”, entendida como una manera de aprovechar oportunidades y tiempo; ello aunado a que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reconoce que los trabajadores mexicanos se encuentran entre los que más horas laboran, hacen ver cómo las personas pueden estar expuestas a situación de presión y estrés.

Además, la creciente conectividad digital borra las fronteras entre la vida laboral y personal. Hoy es común recibir mensajes de trabajo fuera del horario de oficina, atender asuntos laborales durante fines de semana o permanecer disponible prácticamente las veinticuatro horas del día.

Los médicos indican que esta obsesión por el tiempo puede generar estrés crónico, alteraciones del sueño, fatiga, dolores musculares, problemas gastrointestinales, presión arterial elevada, debilitamiento del sistema inmunológico, lo cual eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares y otros padecimientos.

En lo emocional las afectaciones pueden ser más graves y expresadas a través de irritabilidad, ansiedad, culpa, frustración, agotamiento, depresión o síndrome de desgaste profesional, conocido como burnout (oficialmente reconocido, desde 2022, como enfermedad laboral que afecta a más del 75% de los trabajadores mexicanos).

Mientras la mente se encuentra constantemente enfocada en la siguiente tarea, en la próxima meta o en el siguiente compromiso, quizás lo más doloroso es el costo emocional e invisible: vínculos afectivos que se deterioran porque «no hay tiempo para la familia», amistades desplazadas por los pendientes y la soledad que crece en medio de la interconectividad.

En una sociedad que avanza con prisas, detenerse y darse un momento, descansar y disfrutar, sin culpa, puede convertirse en uno de los actos más importantes de bienestar.