lunes, febrero 9, 2026
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Deshidratación en invierno, un enemigo silencioso de la salud

Deshidratación en

invierno, un enemigo

silencioso de la salud

Por: Orlando Linares López

En el invierno la deshidratación suele ser un enemigo silencioso que agrava diversos problemas de salud física y mental, genera un deterioro progresivo e impacta en la calidad de vida y en gastos médicos, así lo destacan especialistas médicos.

Sin el vital líquido, precisan los galenos, se interrumpen funciones que aportan nutrientes al organismo y le permiten eliminar toxinas.

En lo inmediato, los efectos de una deshidratación pueden manifestarse en malestares como: falta de concentración y problemas de memoria, fatiga, dolores de cabeza, calambres, estreñimiento, alteraciones de ánimo, resequedad de la piel, entre otros.

También, por no beber suficiente agua, de manera paulatina y desapercibida se producen cálculos renales, problemas circulatorios y de varices, aumento de la presión arterial (hipertensión), mayor riesgo de infecciones urinarias y ciertos tipos de cáncer.

Instituciones de Salud refieren que en temporada de frío las personas tienen la percepción de sentir menos sed y por ende reducen el consumo agua. A ello se suma que el ambiente hace que el cuerpo pierda líquidos sin que se note.

En clima frío “el cuerpo humano realiza ajustes fisiológicos importantes, donde el agua juega un papel crucial para mantener el equilibrio interno, como regular la temperatura corporal, lubricar articulaciones, hidratar la piel, facilitar la digestión, entre otras funciones”, indica el personal de Salud.

Además, “cuando baja la temperatura, el cuerpo pierde agua por el aumento de sensación de orinar (diuresis por frío), la respiración y la piel, incluso sin sudar”, subrayan los especialistas.

Para contrarrestar la sequedad ambiental y mantener el volumen de la circulación de la sangre (durante la deshidratación el cuerpo contrae los vasos sanguíneos) es importante beber líquidos.

Una forma de saber si una persona está bien hidratada es vigilar que todas las orinas del día sean transparentes y no de un color amarillo intenso. Asimismo, los médicos enuncian que, entre los signos y síntomas por deshidratación, puede haber: calambres musculares, boca seca, sensación de mareo o aturdimiento, dolores de cabeza, fatiga, ojos secos, piel más reseca o con picazón, ansia de azúcar y mal aliento.

Reconocer la importancia de beber agua y las consecuencias de no hacerlo, obliga a referir que existen pequeñas acciones que forman parte del día a día y que pueden apoyar el bienestar general y, sobre todo, ayudan a prevenir la deshidratación.

Entre ellas: tomar al menos 2 litros de agua a lo largo del día (no hay que dejarlo a la memoria, se pueden usar aplicaciones móviles para programar cada toma); consumir alimentos con alto contenido de agua (frutas y verduras que aporten nutrientes y sumen al total de líquidos del organismo); identificar situaciones que favorecen la pérdida de agua (ejemplo: pasar varias horas en espacios con calefacción o en ambientes muy secos, donde la piel y la respiración pueden perder más humedad de la habitual); dar atención a cambios cotidianos, como sentir menos energía o notar variaciones en la frecuencia urinaria, dichas sensaciones son alertas de que el cuerpo está respondiendo al entorno o a la rutina.

Es importante buscar orientación profesional ante síntomas persistentes.

En el mismo sentido, las instituciones de salud sugieren moderar el consumo de café y alcohol, por ser bebidas que favorecen la pérdida de líquidos y aumentan el riesgo de deshidratación.

Especial atención merecen los niños pequeños y adultos mayores, pues están dentro de los grupos más expuestos a la deshidratación silenciosa.

Si bien el invierno representa un reto para la hidratación diaria, ésta debe formar parte de un buen hábito para el autocuidado de la salud.