Razones del triunfo de Donald Trump

Al principio, todos desestimaban a Donald Trump. Y acaba de quedarse con una impresionante victoria después de una campaña presidencial sin precedentes en la historia de Estados Unidos.

Trump canalizó la furia de los estadounidenses promedio contra Washington. Supo explotar su ansiedad sobre el presente y su miedo sobre el futuro. Le habló al dolor que sentían por trabajar muy duro y haber sido olvidados.

Y al hacerlo, destrozó todas las convenciones que existían en la política.

Los expertos pensaron que las payasadas de reality show de Trump, su retórica vulgar, sus discursos llenos de falsedades e insultos hacia casi todos los sectores de la sociedad estadounidense -latinos, afroamericanos, héroes de guerra, mujeres y musulmanes- lo descalificarían para llegar a la presidencia.

No lo hicieron.

A cambio, Trump dirigió un movimiento, una especie de levantamiento de los estadounidenses olvidados, que evocó la “mayoría silente de Richard Nixon” a finales de los 60.

Argumentó que los americanos estaban hambrientos de cambio y que solo él podría “limpiar el pantano”, al barrer con la corrupción en Washington.

Cambiando el mapa

Trump aseguró que cambiaría el aspecto del mapa electoral del país, al poner en la columna republicana a los estados demócratas enclavados en un Medio Oeste de decadencia industrial, con su retórica anticomercio. Lo logró.

Dijo que humillaría al sector más talentoso del Partido Republicano en una generación. Lo logró.

Afirmó que podría enseñarles a los republicanos a derrotar su némesis -los Clinton-. Lo logró.

Se mostró convencido en que las encuestas estaban equivocadas y que la sorpresa que daría sería tan grande que empequeñecería el voto del Brexit en el Reino Unido, que decidió que ese país abandonara la Unión Europea. Y estaba en lo correcto.

La reescritura de las reglas de la política que ha hecho Trump puede abrirle la puerta a un periodo global de turbulencia e incertidumbre, dada la profunda ansiedad con la que ahora miran el futuro los aliados de Estados Unidos, los mercados internacionales y los estadounidenses que se rebelaron por su comportamiento durante la campaña.

La cuestión ahora es si cuando se convierta en el hombre más poderoso del mundo, en enero próximo, Trump tratará de reescribir las reglas y convenciones del Gobierno de Estados Unidos y del sistema internacional, tan radicalmente como reescribió las reglas de las elecciones presidenciales.

Trump prometió unidad durante el discurso que dio tras confirmarse su triunfo, en las primeras horas de este miércoles. “Digo que es hora de que nos unamos como una sola nación”, aseguró. “Le prometo a cada ciudadano de nuestro territorio que seré el presidente de todos los estadounidenses”.

Sin embargo, Trump logró uno de las perturbaciones más asombrosas en la historia de la democracia occidental.

Hace tan solo un mes, los expertos todavía contemplaban la posibilidad de una victoria arrolladora de Hillary Clinton. Pero las encuestas comenzaron a apretarse, convirtiendo la carrera presidencial en un acertado reflejo de la profunda polarización del país.

Luego vino la incertidumbre cuando el director del FBI, James Comey, lanzó una nueva nube de sospechas sobre la campaña de Clinton, reabriendo una revisión de los correos electrónicos del servidor que utilizó cuando fue Secretaria de Estado.

Los aliados de Clinton aseguraron que el daño era innegable y su esperanza de convencer a las últimas mujeres republicanas y a los independientes de repente resultó deprimente.

Solo hasta el fin de semana pasado las encuestas sugirieron que Trump completaría una carrera casi perfecta y trazaron un camino muy angosto para llegar a la Casa Blanca.

Confiando en el Comité Nacional Republicano

De alguna manera fue el candidato, que dependió casi por completo del Comité Nacional Republicano para su juego, quien superó a la campaña de Clinton.

Los resultados del martes sorprendieron a estrategas de ambos partidos. Muchos de los seguidores que se reunieron en la fallida celebración de Clinton en Nueva York estaban realmente impactados, algunos lloraban mientras veían cómo varios estados quedaban en manos de Trump.

El martes temprano, el exjefe de estrategia de Barack Obama, David Plouffe, tuiteó una foto de vodka con Orange Crush, con un mensaje optimista: “Listo para ver el discurso de la victoria”.

Ocho horas después, Plouffe tuiteó que “nunca había estado tan equivocado con algo” en su vida. “Todavía late el corazón en Wisconsin y los dos distritos electorales de Nebraska y Maine. Pero la sobriedad sobre lo que pasó esta noche es esencial”.

Aunque Trump le inyectó entusiasmo a una enorme cantidad de electores de clase trabajadora y trajo a muchos nuevos votantes a las urnas, muchos republicanos también le dieron el crédito al Comité Nacional del partido, que básicamente jugó todo el juego de Trump.

Un estratega republicano comentó que a diferencia de las campañas pasadas, el Partido Republicano tuvo a su gente en el terreno desde el verano del 2013 en New Hampshire, Pensilvania, Virginia, Carolina del Norte, Florida, Ohio, Michigan, Wisconsin, Iowa, Colorado y Nevada.

Subsanando los errores del modelo con el cual Obama ganó la presidencia en el 2008 y el 2012, pasaron los primeros días de la campaña reclutando a organizadores y voluntarios, probando campañas promocionales de voto en el 2014.

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