Conversatorio de Salutogénesis y Salud Integrativa en la FAAPA UAEM
Por. Carlos Sánchez Fernández Fotos de FAAPA UAEM
El 26 de marzo de 2026, la Federación de Asociaciones Autónomas de Personal Académico de la Universidad Autónoma del Estado de México (FAAPA UAEM) llevó a cabo el conversatorio Salutogénesis y Salud Integrativa: de la evidencia científica a la aplicación interdisciplinaria en actividad física, psicología, quiropráctica y nutrición, en el auditorio de la Facultad de Ciencias de la Conducta (FaCiCo) de la UAEM. El evento reunió a especialistas de diversas áreas con el propósito de tender puentes entre el conocimiento científico y la vida cotidiana de la comunidad académica.
Contexto y propósito del evento
El conversatorio fue organizado por el Mtro. Fidel Efren Fernández Olvera, Secretario de Actividades Deportivas de la FAAPA UAEM, quien fungió también como moderador. La bienvenida institucional estuvo a cargo de la Dra. Gilda González Villaseñor, Secretaria General de la federación y doctora en Ciencias de la Educación, quien enmarcó el encuentro como una expresión del compromiso de la organización con el bienestar integral de su comunidad. Al término del evento se entregaron constancias firmadas conjuntamente por la Dra. Gabriela Hernández Vergara, directora de la Facultad de Ciencias de la Conducta, y la propia Dra. González Villaseñor.
La sesión contó con la participación como ponentes del Mtro. Noé Reyes González (quiropráctica), la Dra. María de Jesús Serrano Plata (nutrición), el Mtro. Joel Abraham Martínez González (actividad física) y la Lic. Sonia Ivonne Ávila Palma (psicología). El evento se transmitió simultáneamente de manera presencial y a través de Facebook Live.
El eje conceptual del conversatorio fue el modelo de la salutogénesis, término acuñado por el sociólogo Aaron Antonovsky, cuya etimología remite al origen de la salud. A diferencia del enfoque patogénico —centrado en identificar y tratar la enfermedad una vez manifestada—, el modelo salutogénico pregunta qué factores generan y sostienen la salud, incluso en condiciones adversas.
El Mtro. Noé Reyes González introdujo este marco conceptual señalando que la salud no es simplemente la ausencia de enfermedad, sino el resultado de hábitos construidos de manera continua. Destacó que el cuerpo humano posee una capacidad innata de advertir desequilibrios a través de signos y síntomas, señales que con frecuencia son ignoradas o suprimidas sin atender la causa subyacente. Esta postergación, explicó, convierte procesos graduales de deterioro en cuadros de enfermedad instalada.
Antonovsky identificó tres dimensiones centrales del llamado sentido de coherencia: la capacidad de percibir el mundo como comprensible, como manejable y como dotado de propósito. Este constructo, retomado por varios de los ponentes, fue presentado como la base psicológica que permite a las personas adaptarse al estrés y tomar decisiones orientadas al bienestar.
El estrés como factor necesario y el papel de la epigenética
Uno de los planteamientos más destacados del conversatorio fue la distinción entre el estrés patológico y el estrés como fenómeno biológico necesario. El Mtro. Reyes González señaló que el estrés biológico, físico y psicológico es indispensable para que el cuerpo se remodele y se adapte; el problema surge cuando dicho estrés rebasa los límites tolerables del organismo. Como ejemplo ilustrativo, citó el caso de los astronautas, quienes deben ejercitarse en el espacio precisamente porque la ausencia de carga física detiene los procesos de remodelación muscular.
En este contexto, el ponente introdujo el concepto de epigenética: la rama de la biología que estudia cómo los hábitos y el entorno pueden activar o desactivar la expresión de genes, modificando la forma en que las células se replican. Esto implica que una predisposición genética a determinada enfermedad no equivale a un destino inevitable; los hábitos cotidianos influyen en si esa predisposición se expresa o no, tanto en sentido protector como en sentido de riesgo.
Nutrición: más allá de la dieta restrictiva
La Dra. María de Jesús Serrano Plata, doctora en Ciencias de la Salud y licenciada en nutrición con especialidad en salud pública, propuso una distinción conceptual entre alimentación, nutrición, dieta y dieta correcta que resultó central para su exposición. La alimentación, explicó, es todo lo que se ingiere y está fuertemente condicionada por el entorno sociocultural. La nutrición, en cambio, ocurre en el proceso metabólico mediante el cual los nutrientes llegan a los tejidos que los requieren. La dieta —término frecuentemente malentendido— es, en realidad, todo lo que una persona come a lo largo del día, no un régimen restrictivo.
Una alimentación correcta, sostuvo la doctora, no requiere alimentos costosos ni ajenos a la cultura local. Recurriendo al ejemplo del tlayoyo de maíz azul con frijol, nopal y salsa —alimento típico y accesible en cualquier entorno urbano mexicano—, demostró que la dieta nacional tradicional cumple sin dificultad con las recomendaciones del Plato del Bien Comer. En el mismo sentido, señaló que una comida corrida en una cocina económica puede satisfacer los requerimientos de cereales, proteínas y verduras sin necesidad de preparaciones sofisticadas.
La ponente también abordó el concepto de alimentación consciente: disfrutar los alimentos con todos los sentidos, sin culpa, como estrategia para una relación más saludable con la comida. Subrayó que el placer y la salud no son incompatibles, y que las restricciones demasiado severas tienden a abandonarse a corto plazo. Al cierre de su intervención, presentó el programa Sin Medida, una intervención gratuita de 16 semanas que ella coordina desde la Facultad de Ciencias de la Conducta, dirigida a personas con exceso de grasa corporal y que combina caminata de intensidad moderada con un plan de alimentación basado en comidas caseras.
Actividad física: consistencia como principio fundamental
El Mtro. Joel Abraham Martínez González, maestro en Ciencias de la Motricidad y preparador físico, organizó su intervención en torno al concepto de hábito, citando un estudio de Phillippa Lally y colaboradores que modeló el proceso de formación de conductas. Según dicha investigación, el tiempo necesario para consolidar un hábito varía entre 18 y 254 días, con una media de 66 días. La variable determinante no es la velocidad, sino la consistencia: la repetición sostenida del acto, incluso cuando un día no sea posible realizarlo.
Respecto a las recomendaciones de actividad física, el ponente citó las directrices de la Organización Mundial de la Salud, que establecen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, complementados con al menos dos sesiones semanales de musculación. Explicó que la intensidad puede monitorearse fácilmente mediante la frecuencia cardíaca, medible hoy en día con relojes inteligentes y teléfonos móviles. Las zonas de color —verde para moderado, rojo para vigoroso— presentes en la mayoría de estos dispositivos fueron mencionadas como herramientas prácticas y accesibles.
El Mtro. Martínez González también abordó la importancia de encontrar una motivación interna para sostener el ejercicio: el beneficio, sostuvo, es personal y no depende de reconocimiento externo ni de compañía. Advirtió sobre los riesgos de seguir rutinas de ejercicio diseñadas por personas sin formación certificada, así como de consumir suplementos sin orientación profesional, señalando que en México la profesión de entrenador deportivo carece de regulación legal, lo que expone a los usuarios a prácticas potencialmente dañinas.
Salud mental: el terreno emocional como condición del bienestar físico
La Lic. Sonia Ivonne Ávila Palma, licenciada en psicología con especialización en intervención cognitivo-conductual y salud mental, cerró el ciclo de ponencias retomando los tres pilares del modelo de Aaron Antonovsky —sentido de coherencia, recursos generales de resistencia y el continuo salud-enfermedad— para aplicarlos al ámbito psicológico.
Subrayó que la salud mental y la salud física son interdependientes: las emociones no reguladas generan respuestas bioquímicas que afectan el funcionamiento celular y favorecen la aparición de enfermedades. En este contexto, explicó el concepto de psicosomatización: la capacidad de la mente para producir síntomas físicos reales en ausencia de patología orgánica, como dolor gastrointestinal asociado al estrés crónico.
La ponente destacó el papel del cortisol —la hormona del estrés— como mediador entre el estado emocional y la salud orgánica, señalando que su elevación sostenida está vinculada a diversas patologías. Frente a ello, propuso la neuroplasticidad salutogénica como un horizonte terapéutico: la capacidad del cerebro para reorganizarse a través de nuevos hábitos, la regulación emocional y el cultivo de la resiliencia.
Desde el enfoque clínico, criticó el modelo en que el paciente se convierte en receptor pasivo de tratamiento, y abogó por una intervención terapéutica que genere autoeficacia y significado, empoderando a la persona para que comprenda por qué ciertos hábitos son beneficiosos, en lugar de simplemente imponérselos. Esta distinción, afirmó, es determinante para que cualquier plan de salud —físico, nutricional o postural— tenga posibilidades reales de sostenerse en el tiempo.
Conclusiones e integración interdisciplinaria
En su intervención de cierre, el Mtro. Reyes González propuso una metáfora que sintetizó el espíritu del conversatorio: la diferencia entre el modelo patogénico y el salutogénico es análoga a la diferencia entre rescatar a alguien que se ahoga y enseñarle a nadar. La medicina curativa cumple una función esencial cuando el deterioro ya está presente, pero el objetivo del enfoque salutogénico es construir los hábitos que hacen menos probable llegar a ese punto.
Los cuatro ponentes coincidieron en que ninguna disciplina por sí sola puede garantizar el bienestar integral: la nutrición adecuada favorece el funcionamiento intestinal y cerebral; el ejercicio regular fortalece el sistema metabólico, hormonal y cardiovascular; la salud vertebral y la quiropráctica contribuyen a la transmisión neurológica óptima; y el equilibrio emocional crea el terreno desde el cual todas las demás intervenciones pueden dar fruto. Esta visión interdisciplinaria fue presentada no como una propuesta teórica, sino como un modelo aplicable en la vida cotidiana, con recursos accesibles y decisiones individuales sostenidas en el tiempo.



