ANÁLISIS
ANÁLISIS
* “Peña no va a soltar el Estado de México».
* Cuando anunciaron que Del Mazo había ganado, “sentí una profunda tristeza”.
* «Julio, perdiendo, ganamos”.
* Capítulo 9 .
En el capítulo 9, Julio Scherer Ibarra, narra de cómo el Estado de México continúa siendo un laboratorio para ganar la elección presidencial en México, en el libro “Ni venganza ni perdón, una amistad al filo del poder”, que empezó a curricular hace algunas horas en las principales librerías del país .
Lo intitula así:
“Estado de México, ganar perdiendo”.
Y puntualiza, Scherer, a manera de respuesta, lo siguiente:
“ El verdadero preámbulo de los comicios del 2018 fueron los del año anterior en
el Estado de México. El PRI, con Alfredo del Mazo, ganó por muy poco margen
una elección donde la operación electoral que realizaron Miguel Osorio Chong y
Rosario Robles fue fundamental para que el presidente Peña Nieto conservara
su estado natal. Pero al final fue un triunfo costoso, pues demostró que López
Obrador estaba preparado para participar y ganar en 2018 y, por otra parte, se
pusieron de manifiesto las profundas diferencias internas del PRI y las tensiones
entre este partido y la dirigencia panista de Ricardo Anaya, que se recrudecieron
en la campaña del 2018.
Pasada la elección del 2015 comenzamos a prepararnos muy bien para la
del Estado de México. Nos posicionamos con Delfina Gómez, que traía
entre 13 y 14 puntos en las encuestas. Josefina Vázquez Mota, del PAN,
rondaba los 20 altos, y Alfredo del Mazo iba en el 30%. Andrés nos
encargó la campaña de Delfina.
Delfina no era conocida en ese momento, era un personaje relativamente menor.
Había sido diputada y presidenta municipal de Texcoco, pero no era una
persona conocida en todo el Estado, a diferencia de Del Mazo o Josefina.
Delfina era conocida básicamente en el oriente del estado, ahí tenía
arraigo. Trabajaba con Horacio Duarte, de Texcoco, y con Higinio
Martínez. Ellos la acompañaban prácticamente en todo. La primera vez
que la vimos tenía un perfil más que nada de maestra. Y le dijimos que
había que construir con ella un personaje.
¿Quiénes se encargaban contigo de la campaña?
Estábamos Alfonso Brito, mi primo Hugo Scherer, Abelardo Martín —que nos ayudó en esa época— y yo. Teníamos a una persona que ayudaba
en la parte de acompañamiento en el discurso de Delfina y en todo lo
relativo al debate. Ese era el equipo de trabajo, no era grande. Decidimos
trabajar a fondo con la idea de mostrar a Delfina como una maestra
sencilla que venía de muy abajo y que lograría tirar al PRI de Hank en el
Estado de México. Ese era el personaje que queríamos proyectar.
Iniciamos bien. Delfina fue dúctil al cambio, participativa y además tenía
un equipo básico que la ayudaba en las pequeñas cosas.
La campaña del Estado de México era muy importante porque era la
antesala para la elección presidencial. Andrés Manuel también supervisaba
la campaña de Coahuila, pero lo que más le importaba era el Estado de
México, porque le daría muchos votos en la elección federal.
Empezamos a trabajar, a sacar de gira a Delfina, a hacer una campaña
muy puntual también a través de Facebook, que resultó muy exitosa.
Detectamos las zonas donde la candidata tenía un gran arraigo, sobre todo
en el oriente del estado. En los primeros dos meses, Josefina cayó a menos
de 20 puntos, Del Mazo crecía poco, pero se sostenía, y Delfina empezó a
levantar.
Andrés Manuel era muy generoso con Delfina. Todo el tiempo iba a
apoyarla en su campaña. De uno de esos eventos salió la frase «Vamos
requetebién» y se fue consolidando la idea de que la maestra podía ganar
el Estado de México.
Como tú decías, fue una campaña que era prácticamente un ensayo general de
la campaña del 2018.
Yo diría que fue un buen laboratorio. Delfina era muy sencilla, muy
modesta. Andrés la acompañaba en todo. Él daba forma a las frases, las
tomaba y las rehacía. Y luego nosotros atendíamos lo que Delfina
necesitara. Televisa participó en esa campaña de manera importante.
Trabajamos muchísimo, era un trabajo de tiempo completo. Había que ir
con ella a todos los lugares, a todos los mítines.
Faltaban tres o cuatro semanas para concluir la campaña cuando ya
estábamos arriba en las encuestas, por lo menos en las encuestas que
teníamos. Delfina tenía ya una popularidad muy grande en el Estado de
México y sus mítines reunían 10000, 15000 personas. Estábamos
convencidos de que íbamos a ganar. Estábamos en eso cuando me reuní con el exgobernador del estado de
Chihuahua, José Reyes Baeza, entonces director del Issste. Me preguntó
qué estaba haciendo. Le dije que estaba en mi despacho ayudando a
Andrés Manuel y a Delfina, y que sentía que íbamos muy bien. Reyes
Baeza acuñó esa frase espantosa para la democracia: «Aunque tengan el
51% de los votos, nunca vamos a perder el Estado de México, no lo va a
soltar el PRI, pase lo que pase». Contesté que íbamos muy arriba. «No hay
duda —le dije— de que el último estirón va a ser para nosotros, porque el
PRI ya se estancó». «No te quiero contradecir ni molestar —me rebatió—;
aunque tengan el 51%, van a perder».
No me desalentó; pensé que era natural en un priista que no quería
perder y que trabajaba con Peña Nieto. Andrés hacía un trabajo
espléndido, parecía el candidato al Gobierno del Estado.
La semana previa a la elección me encontré en un restaurante a Gerardo
Vargas Landeros, quien trabajaba en el Gobierno de Sinaloa. Estaba con
algunos amigos y hablábamos entusiasmados de Delfina. Gerardo se sumó
a la mesa y, en un momento dado, afirmó apenado que íbamos a perder la
elección. «El Gobierno está con todo —explicó Vargas— preparando un
operativo para que el licenciado Del Mazo no pierda. Peña no va a soltar
el Estado de México».
Entonces le ofrecí razones electorales, rutas y escenarios que
fundamentaban nuestro indudable triunfo, que ya no solo teníamos la
certeza por nuestras encuestas, sino por el número de respuestas en
Facebook, por los resultados que mostraban las encuestas públicas;
ganaríamos por 5 o 6%. Él me reiteró: «No van a ganar, se va a montar un
operativo completo para derrotarlos. Hay gobernadores, hay presidentes
municipales, hay encargados de las distintas zonas, de los distintos
municipios, te diría que manzana por manzana para que ustedes pierdan
la elección. Julio, van a perder».
En esos días me acerqué a Andrés Manuel y le confesé que estaba muy
preocupado por lo que había platicado con Vargas, quien me aseguraba
que íbamos a perder. Entonces me dijo: «Nosotros hemos hecho todo lo
que se tiene que hacer y todo lo que nos es humanamente posible para
ganar la elección. Estemos tranquilos», me calmó.
Andrés Manuel me invitó el día de la elección a su oficina para conocerlos resultados. Cuando anunciaron que el licenciado Del Mazo había
ganado, sentí una profunda tristeza. Entendí que la fuerza del Gobierno
era mucho más grande que la de las personas. Comprendí que, aunque
tuviéramos el 51% de los votos, ya se había tomado la decisión de que
perdiéramos. Eso me hizo recordar todo lo que habíamos vivido con
Andrés Manuel.
Me sentí abatido, Andrés lo notó, y yo le dije que eran fregaderas, que
no se podía perder así, que no se valía. Él me contestó: «Julio, perdiendo,
ganamos. Cualquier error que hoy cometamos en el Estado de México va a
pesar sobre la campaña presidencial. Ellos son capaces de hacernos
cualquier cosa para que no lleguemos al Gobierno. Este es un
laboratorio». Sí, un laboratorio muy importante, porque tratándose del
Estado de México y habiendo perdido por la poquísima diferencia con que
perdimos, al subir Delfina de los 14 a los 34 puntos, eso nos mostraba la
imagen de cómo estábamos en el país.
«El Estado de México —dijo— es básico, no solo por el tamaño de la
votación, sino por las distintas zonas que abarca: el centro del estado,
donde está la clase media; la zona de Tecamachalco, el cinturón azul,
donde no nos fue nada mal. Y luego el oriente, donde Delfina, de plano,
arrasó. La gente va a estar con nosotros. Mantengámonos tranquilos, va a
funcionar».
Yo quedé triste, pero tranquilo. Supe que también me estaba dando un
espaldarazo respecto a cómo habíamos hecho la campaña. Él mismo
estaba satisfecho con el resultado, así que yo también podía estarlo.
De alguna forma, en el Estado de México, como te dijo López Obrador,
habiendo perdido, ganaron. Porque también creo que existía un acuerdo tácito:
el interés supremo de Peña Nieto en ese momento era no perder su estado,
conservarlo a como diera lugar. Y eso dio pie a tener una campaña presidencial
quizás más tranquila.
Si el presidente de la República, mexiquense, perdía con la tradición
priista que existía, habría sufrido un descalabro total; ya no habría duda de
que el PRI no tendría ninguna posibilidad en la elección federal. Por eso
era tan importante para Peña Nieto ganar el Estado de México y, por ese
motivo, actuaron como lo hicieron.
No hay que demeritar la cantidad enorme de votos con los que crecimos en el Estado de México: obtuvimos más que en el 2006, cuando la votación había sido gigantesca. Ese laboratorio funcionaba, y Andrés
podía ganar la elección presidencial, e iba a hacerlo.”
( Fotos : tomadas de Internet )

