miércoles, enero 14, 2026
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Feliz año nuevo… ¿y el daño ambiental?

Feliz año nuevo… ¿y el daño ambiental?

Por: Orlando Linares López

Entre la euforia, festejos, rituales de alegría, esperanza, generosidad y fomento de unión familiar y social, en muchos casos, en torno de una fogata, la quema de pirotecnia, detonaciones y mucho consumo, vivimos la Navidad y recibimos el Año Nuevo.

Lo que para la mayoría de los mexicanos es práctica común en las celebraciones, contribuye al deterioro de la calidad del aire, provoca contingencias ambientales en diversas zonas metropolitanas del país y genera un grave daño ambiental.

A pesar de estar conscientes de ello y del exhorto para cuidar la calidad del aire, que hacen autoridades ambientales y organizaciones ecologistas, miles de familias, en nombre de la Navidad y el Año Nuevo, celebran sin importarles los sombríos amaneceres causados por la contaminación atmosférica.

Además de respirar un aire con partículas y gases tóxicos nocivos para la salud, durante estos días de diciembre y enero, también contribuimos al incremento de basura y residuos (plásticos de un solo uso, envoltorios), el desperdicio de alimentos y un mayor consumo energético, no obstante, los objetivos, políticas y esfuerzos para adoptar alternativas sostenibles en las celebraciones.

De acuerdo a los expertos en materia ambiental, la pirotecnia libera partículas inhalables gruesas (PM10) y partículas inhalables finas (PM2.5) que, por su tamaño, son más peligrosas ya que penetran profundamente en los pulmones y el torrente sanguíneo, dañando la salud respiratoria y cardiovascular.

Los ambientalistas refieren que otras afectaciones están relacionadas con las toneladas de basura que generan los residuos sólidos, los cuales además de saturar los sistemas de recolección, contaminan calles, ríos y mantos acuíferos. Al respecto, entre la segunda mitad de diciembre y la primera mitad de febrero, en la Ciudad de México la recolección de basura aumenta un 30%, alcanzando hasta 16 mil toneladas diarias, según reportes de la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA).

Adicionalmente, el alto consumismo de regalos, adornos y alimentos implica un mayor gasto energético y deriva en un desperdicio significativo de comida; hecho que contribuyen al aumento de la huella de carbono. Dicho sea de paso, toneladas de comida se desperdician al mismo tiempo que millones de personas padecen hambre.

Mención aparte, y triste, merecen los árboles navideños naturales que tras ser centro de atención, ilusiones y esperanzas, trascienden -en el mejor de los casos- a centros de acopio para convertirse en composta; en otros casos, al igual que los árboles artificiales, terminan en la basura y en puntos de contaminación.

En estos días, además de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, la Zona Metropolitana del Valle de Toluca y Santiago Tianguistenco, Guadalajara y otras ciudades del país, donde existe una mayor conciencia y ocupación por la calidad del aire que respiran sus habitantes, han activado con frecuencia las contingencias ambientales por la mala calidad del aire; en el mejor de los casos duran unas horas, pero prevalecen las fases de alerta.

Si bien, como refiere la sabiduría popular, “lo bailado ya nadie lo quita”, es buen momento de extender esa magia festiva, la energía de renovación y las acciones para construir un mundo mejor, empezando por poner en práctica los principios de alternativas sostenibles que nos ayuden a la conservación y restauración del medio ambiente.

Reducir, reutilizar, reciclar; limitar desechables; buscar alternativas a la pirotecnia; fomentar el consumo responsable y, sobre todo, hacer limpieza post-fiesta, son simples acciones que el equilibrio ecológico y las generaciones actuales y futuras, agradecerán.