sábado, noviembre 29, 2025
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TOLUCA VIVIÓ UNA MAÑANA ATÍPICA ENTRE CIERRES, FILAS Y UN TREN DESBORDADO

CRÓNICA | TOLUCA VIVIÓ

UNA MAÑANA ATÍPICA

ENTRE CIERRES, FILAS Y

UN TREN DESBORDADO

Por: Carlos Sánchez Fernández y Luis González

Toluca amaneció este lunes con el pulso alterado. Desde temprano, los cierres intermitentes de las casetas en la carretera Toluca–Ciudad de México, realizados por grupos de transportistas inconformes, comenzaron a generar un efecto dominó que rápidamente se extendió por toda la zona metropolitana.

En los accesos carreteros, las filas de vehículos se estancaron durante horas. No había ruta alternativa que librara el embudo. Ante el bloqueo y la incertidumbre, cientos de personas que debían llegar a la capital del país o a municipios conurbados buscaron otra opción. La respuesta, casi obligada, fue el tren interurbano.

En la estación Zinacantepec, el flujo de usuarios aumentó conforme avanzaba la mañana. Muchos llegaron con el paso apresurado, otros con el gesto resignado de quien entiende que no hay más remedio que adaptarse. Las máquinas de boletaje trabajaban sin descanso y el personal operativo intentaba orientar a los recién llegados que, por primera vez, miraban el sistema como una solución real.

En los andenes, el ambiente era inusual: la mezcla de trabajadores, estudiantes, comerciantes y familias completas creó una atmósfera de tránsito constante. Algunos revisaban el teléfono buscando reportes viales; otros hablaban por mensajes de voz explicando que llegarían tarde. El sonido metálico del tren al aproximarse era recibido con alivio, mientras que el interior de los vagones se saturaba más rápido que en un día cotidiano.

El trayecto, que suele sentirse ágil y ordenado, se convirtió en una especie de refugio móvil. Desde las ventanas, la ciudad avanzaba mientras los pasajeros liberaban, al menos por un instante, la tensión que provocó la jornada. Hubo quien aprovechó para dormir unos minutos, quien revisó documentos de trabajo y quien simplemente contempló el paisaje como si buscara recuperar el aliento.

En Metepec y Lerma, el patrón se repitió: estaciones llenas, personal reforzado y usuarios que apenas podían tomar espacio dentro de los vagones. Aun así, el servicio logró mantenerse operativo, aunque con tiempos de espera prolongados. En contraste con el caos vial exterior, el tren representó la única vía que no cedió ante la presión.

Para el mediodía, los bloqueos continuaban afectando la movilidad en la capital mexiquense. Las autoridades locales llamaron a mantenerse informados y a considerar alternativas de transporte. La ciudad, mientras tanto, seguía en un ritmo extraño, partida entre quienes quedaron atrapados en la carretera y quienes lograron sortear el caos a través del sistema interurbano.

El día cerró con una certeza compartida: la movilidad en Toluca puede cambiar drásticamente en cuestión de minutos, y los habitantes han aprendido a adaptarse sobre la marcha. Lo de hoy fue una muestra clara de cómo una protesta en las casetas puede mover, literalmente, a toda la ciudad.